Nuevas evidencias sobre consumo de Cannabis.

Autor: An. Diana Kushner Lanis.

Es difícil tratar de entender por que el hombre a pesar de las evidencias y las prácticas de aprendizaje quiere insistir en buscar la comprobación que usando marihuana podrá obtener lo que no tiene. Curioso es que inclusive se insista en darle a la planta el poder curativo. No es menor que la única “curaciónâ€?, consista en incapacidades no resueltas o muchas veces no entendidas.

Desde el escenario y practica terapéutica con abusadores de Thc, y adictos lo que podemos encontrar; son personas con muchas dificultades emocionales que claramente no han podido identificar que el alivio supuesto otorgado a la marihuana, no es más que una ceguera neuroquímica que tarde o temprano se hará ver o más bien tendrá su escenario de aparición para todos aquellos que rodean al consumidor, menos para el que consume.

A diferencia de otras drogas, la marihuana impide que el consumidor tenga clara conciencia de su estado de abstinencia, ya que por ser una droga liposoluble tiene una permanencia extendida en el sistema nervioso pasando con facilidad a través de la barrera sanguínea del cerebro. Esta solubilidad del THC y sus metabolitos determina una larga permanencia en los tejidos grasos, para luego ser liberados al torrente sanguíneo.

Lo observado por el mundo científico es que delta-9-THC produce muchos déficits cognitivo – afectivos distorsionando las respuestas del cerebro. Las investigaciones han probado que los daños se ven marcadamente en la reducción de la memoria de corto plazo, desorganización, sentido del tiempo distorsionado, incapacidad de priorizar demandas, fragmentación del pensamiento, pérdida de lo motivadores, se sustenta sólo el cumplimiento de demandas según selectividad de intereses, lo que cada vez se va perdiendo, lo mismo va sucediendo con los compromisos afectivos y la forma cómo se almacena toda información o nuevo aprendizaje. Todo estas alteraciones tienen sus fundamentos en las funciones químicas y funcionales del cerebro, así se sabe que una zona del hipocampo, sufre la destrucción de su código sensorial por parte del THC. Así el hipocampo pasa a ser dependiente del procesamiento de información y aporte de otras áreas del cerebro que son afectadas por la droga.

Quizás lo más lamentable es cómo las funciones ejecutivas que procesa el lóbulo frontal, donde se procesa la información que ingresa al cerebro y se coordinan las respuestas, en el tiempo y espacio se van volviendo disfuncionales.

Por otra parte otras evidencias respecto del Cannabis han sido recientemente publicadas: El JUEVES 26 de julio 2007 el Dr. Tango (HealthDay News) señala que fumar marihuana puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedad psicótica en 40 por ciento, según investigadores británicos.

La marihuana es la sustancia ilegal más comúnmente utilizada en la mayoría de países, entre ellos los Estados Unidos.

De hecho, alrededor del 20 por ciento de los jóvenes informaron usarla al menos una vez a la semana o más, según un artículo que aparece en la edición del 28 de julio de The Lancet.

“Las personas que usaban cannabis tenían un mayor riesgo de desarrollar psicosis que las personas que no lo hacían”, afirmó Stanley Zammit autor del estudio y conferencista clínico de epidemiología psiquiátrica de la Universidad de Cardiff.

En el estudio, el grupo de Zammit analizó 35 estudios que evaluaban si la marihuana estaba relacionada con los trastornos de salud mental.

Encontraron que las personas que usaban marihuana tenían 41 por ciento más probabilidades de sufrir de psicosis frente a las personas que nunca habían usado la droga. También encontraron que el riesgo aumentaba junto a la cantidad de marihuana usada y el tiempo de uso.

Los que fumaban más marihuana tenían un aumento entre doble y triple del riesgo de desarrollar un problema psicótico, afirmó Zammit.

Parte de la explicación de este efecto es que las personas que usan marihuana están en mayor riesgo de problemas mentales incluso sin la droga, explicó Zammit. “Sin embargo, incluso cuando se ajustaron esos factores, seguía habiendo una asociación entre la marihuana y la psicosis, lo que sugiere que existe una relación causal”, añadió.

Los cálculos recientes estiman que el 40 por ciento de los jóvenes adultos y adolescentes han usado marihuana en algún momento de sus vidas, anotaron los investigadores.

“Las personas que piensan sobre usar cannabis o ya lo están haciendo necesitan ser conscientes de este riesgo”, recomendó Zammit. “Para las personas que experimentan cualquier problema al usar cannabis (como volverse ansiosos o paranoicos), esas son señales de advertencia y necesitan ser conscientes de que deben considerar parar o reducir la frecuencia o la cantidad de uso de cannabis”.

Un experto considera que la relación entre la marihuana y el riesgo de psicosis es real y que debe ser visto como un problema de igual forma que el tabaco y sus riesgos para la salud.

“Este parece ser el mejor de los estudios hechos hasta ahora. Aunque este tema nunca podría ser probado directamente, debido a las limitaciones éticas de un estudio prospectivo de exposición, ofrece evidencia sólida de que fumar cannabis aumenta el riesgo de desarrollo de psicosis más adelante en la vida”, aseguró el Dr. Adam Bisaga, profesor asociado de psiquiatría clínica de la división de abuso de sustancias del departamento de psiquiatría del Colegio de médicos y cirujanos de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York.

El estudio debería cambiar la perspectiva sobre los riesgos que fumar cannabis conlleva, la que hasta ahora ha sido considerada por muchos como una sustancia relativamente benigna con poco potencial de adicción y pocos riesgos a largo plazo, apuntó Bisaga.

“Podríamos cambias nuestro método y evaluar el uso de cannabis en el ambiente de atención primaria, aconsejar a los que la usan sobre su mayor riesgo de desarrollar una enfermedad psicótica potencialmente devastadora y recomendar que dejen de fumarla”, aconsejó Bisaga. “A los que no pueden dejarla porque son adictos al cannabis, debemos remitirlos a tratamiento”.

La adicción al cannabis puede ser efectivamente tratada, lo que podría reducir el riesgo de psicosis, apuntó Bisaga.

“Parece que estamos repitiendo el proceso por el que pasamos con el uso de tabaco, inicialmente considerado benigno pero cuyos riesgos a largo plazo fueron reconocidos paulatinamente, por lo que las actitudes sociales han cambiado, se desarrollaron estrategias efectivas de prevención y tratamiento, y han disminuido los índices de uso y los riesgos relacionados”, señaló. “Deberíamos pensar ahora sobre adoptar algunas de esas estrategias para ayudar a los fumadores de cannabis”.

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