El Yoga como herramienta terapéutica en el tratamiento de adicciones

Revista Ya, del diario El Mercurio entrevistó a la profesora de la Unidad de Adicciones Usach, Sra. Diana Kushner, sobre la implementación del Yoga como una herramienta terapéutica para la rehabilitación de personas con dependencia a drogas. Una de las conclusiones del reportaje revela que la “meditación generaría un cambio estructural en el cerebro al facilitar la reaparición de nuevas neuronas”.

A continuación les dejamos el reportaje realizado por la periodista y profesora de Yoga Paula Andrade de la Revista Ya, con fecha 14 de Septiembre:

El yoga para superar adicciones

¿Qué le pasa al Buda cuando medita mirando un punto impreciso frente a él? ¿Qué le pasa al yogui cuando entrecierra los ojos y se entrega al conteo preciso de sus inhalaciones y exhalaciones?

-Antes sosteníamos que con el yoga y la meditación los pacientes salían relajados, pero no entendíamos bien cómo ni porqué. Hoy se sabe lo que le pasa a esa persona que está siendo intervenida con una técnica de yoga: cambian sus patrones de ondas cerebrales -explica Diana Kushner, directora de tratamiento del Centro de Investigación y Asistencia a las Drogodependencias (CIAD).

Los pacientes de esta institución, que pertenece a la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago, practican yoga dos veces por semana desde hace ocho años, pero -como explica esta antropóloga especialista en adicciones- recién ahora se conoce el cómo y el porqué de sus beneficios.

No es raro. Sólo en los últimos años, la ciencia se ha hecho eco de esta antigua sabiduría, con descubrimientos lo suficientemente alentadores como para animar a los escépticos a practicar, no sólo por las bondades de ejercitar el cuerpo, sino porque los estudios apuntan a que meditar puede influir en la experiencia que se tenga del mundo remodelando la estructura física del cerebro.

Concretamente, en el caso de las personas que abusan de sustancias tóxicas y han desarrollado un cuadro de dependencia, las bondades del yoga y la meditación se traducen en una mejor tolerancia del estrés, disminución de la ansiedad, baja de la impulsividad y una mejor disposición para la introspección.

Así lo resalta el médico psiquiatra de la Universidad Católica Rodrigo Santis, quien tiene un máster en ciencias con mención en adicciones de la Universidad de Londres:

-Los pacientes logran modular una serie de síntomas, como, por ejemplo, síntomas ansiosos. Se tornan menos impulsivos. El ánimo tiende a estabilizarse. La concentración mejora. Todo esto es muy útil, particularmente en la primera etapa de tratamiento, llamada “estabilización”. Sin embargo, hay una cualidad de la meditación que es la más relevante: permite que el sujeto descubra una nueva realidad, que es vivir centrado en las experiencias del presente y no en los juicios que nuestra mente hace en el presente.

Beber hasta olvidar

Jorge (nombre ficticio que emplearemos en esta crónica para proteger su verdadera identidad) llevaba 20 años bebiendo alcohol. Comenzó en el colegio, siguió en la universidad mientras estudiaba Ingeniera Civil, paralelamente empezó a fumar marihuana y, con el tiempo, se volvió lo que los especialistas llaman un “drogodependiente”.

Es decir, una persona con una conducta adictiva que empieza a ser preponderante y sobre la cual pierde el control, con consecuencias negativas en distintas áreas de su vida. Cuenta el mismo Jorge, en voz baja y sentado en un Starbucks del barrio El Golf: “El típico apagón de tele los fines de semana, cuando los demás hacían una pausa yo me embalaba, el gallo que se tropieza, choca con cosas, la sensación de culpa al día siguiente, el borrón otra vez”.

Y continúa: “Uno se empieza a engrupir: hoy voy a tomar sólo chelitas, voy a bajar la cuota, yo puedo, depende de mí. Pero no podía porque en el fondo la droga era el medio más rápido para desconectarme de lo que no me gustaba. Era la manera de sentirme anestesiado, olvidar, apagar”.

Jorge guarda silencio, sostiene la mirada, es amable.

“Un adicto no es adicto porque la droga sea rica. Un adicto lo es porque la droga es funcional a la estructura de personalidad que se desarrolla en la historia de vida”, explica Diana Kushner, quien junto a su marido, el psiquiatra Humberto Guajardo, director del CIAD, obtuvieron el Premio Reina Sofía Iberoamérica contra las Drogas en el año 2002.

“Un sujeto que consume drogas, alcohol o fármacos va a generar una modificación a nivel cerebral. Eso lo tienen que tener claro el consumidor, la familia y los especialistas. Aquí lo que tenemos es un órgano enfermo, y es un órgano que piensa, organiza, siente, dirige, ejecuta, nos hace conectarnos con lo más interno y, a la vez, con lo más supremo del universo”, dice Diana.

A nivel orgánico, explica el doctor Santis, el consumo repetido de sustancias adictivas determina una estimulación muy intensa del “circuito de la motivación”. Es decir, la persona deja de responder a los estímulos naturales (alimentación, saciedad de la sed, actividad sexual, por ejemplo) para responder preferentemente a la estimulación de sustancias adictivas.

Por eso, una madre le puede llorar a un hijo “por favor, no sigas consumiendo” y el hijo simplemente no podrá dejar de hacerlo.

El psiquiatra Rodrigo Santis lleva varios años recomendándoles a sus pacientes que practiquen yoga y aprendan alguna técnica de meditación, porque, “en el caso de una persona adicta, los pensamientos normalmente van de la mano de estados emocionales muy perturbadores”.

El doctor Daniel Seijas, jefe del Programa Adicciones y Tabaco de la Clínica Las Condes, con doctorado y posdoctorado en las universidades de Londres y Yale, apunta en la misma dirección: “No pocas veces en estos 20 años he visto que las terapias psicofísicas o espirituales ayudan a los pacientes a no consumir y mejorar su autoestima”.

En 1995, el doctor Seijas trabajó en un estudio sobre dependientes de benzodiacepinas. Comparó un grupo sometido a tratamiento con trabajo psicofísico (yoga, técnica Alexander y wado) y otro grupo sin él. ¿Conclusión? “A pesar de mi escepticismo científico inicial, los grupos con trabajo psicofísico tuvieron mejores resultados: mayor adhesión al tratamiento y mejor reporte de autosatisfacción”. La experiencia no se publicó, pero Clínica Las Condes incorpora desde entonces técnicas psicofísicas en sus programas.

A su vez, en el Centro Nevería -inaugurado recién en abril- se imparten clases de yoga a los pacientes todos los días a las 9 de la mañana. A juicio de uno de sus directores, el psiquiatra Gonzalo Acuña, “la práctica de yoga ayuda a la persona adicta a prevenir recaídas, porque modifica su estado emocional bajando sus niveles de estrés”.

Silencio, por favor

Ya en el siglo III a.C., el primer texto de yoga conservado íntegramente, el Yoga Sutra de Patanjali, definió el yoga como la “capacidad de dirigir la mente exclusivamente hacia un objeto y de mantener esa dirección sin ninguna distracción”. El Buda, a su vez, recomendaba meditar para eliminar los hábitos mentales que nos mantienen apegados a la idea imaginaria del “yo”.

En los últimos años, tales conclusiones obtenidas gracias a la experiencia directa han sido refrendadas por investigación científica. Por ejemplo, según revela el psiquiatra de la Universidad Católica, hay estudios que demuestran que la aplicación de una técnica de meditación llamada Mindfulness (“conciencia plena”) es altamente efectiva en patologías que tienden a agravarse con el estrés, como trastornos de ansiedad, personas con riesgo cardiovascular, hipertensión o problemas inmunológicos.

Uno de los más recientes estudios fue desarrollado por Eileen Luders, investigadora del Departamento de Neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad de California (UCLA), que el año pasado reveló que la meditación cambia la estructura física del cerebro.

“Los científicos creían que la actividad cerebral alcanza su peak en la edad adulta y que ya no cambiaba hasta que empieza a bajar en la ancianidad. Hoy sabemos que todo lo que hacemos y cada experiencia que tenemos modifica el cerebro”, sostuvo Luders a la prensa, cuando su trabajo salió publicado en la revista NeuroImage.

La investigadora encontró varias diferencias entre los cerebros de quienes meditan y los que no. Luders y sus colegas compararon los cerebros de 22 meditantes y 22 no meditantes de la misma edad. Descubrieron que los primeros (que llevaban entre 5 y 46 años meditando de 10 a 90 minutos diarios) tenían más materia gris en regiones del cerebro importantes para la atención, inteligencia emocional y flexibilidad mental.

La conclusión es que los meditantes controlan mejor la atención, las emociones y realizan elecciones más conscientes.

“Es un estudio interesante”, sostiene el doctor Santis, “porque demuestra que efectivamente hay un aumento del tamaño del hipocampo y de una parte del lóbulo frontal, las áreas involucradas en el manejo emocional, la planificación de acciones y el control de impulsos. Esto es coherente con lo que los meditadores exhiben clínicamente. La meditación es una técnica que genera un cambio incluso estructural en el cerebro”.

-¿Con esto llegamos al tema de la plasticidad cerebral?-Exactamente. El cerebro tiene una capacidad (denominada “plasticidad cerebral”) de reestructurar su organización dependiendo de los estímulos que recibe. Incluso se ha visto que dentro de esa plasticidad hay una capacidad de regeneración neuronal, si es que el cerebro es estimulado correctamente. La meditación pudiera ser uno de estos estímulos que facilitan la reaparición de nuevas neuronas.

Jorge, el hombre que hoy bebé café en el barrio El Golf, ha superado su adicción al alcohol y la marihuana. Después de un año y medio de terapia, recibirá el alta. Dice que sin el yoga no habría sido lo mismo:

-Me acuerdo de que cuando me preguntaban qué te gusta, yo decía el silencio. El yoga me trajo de vuelta a algo que había dejado de tener: un espacio alejado de la vida cotidiana, de las fuentes de estrés, para poder entender qué es uno como persona. El yoga es un espacio de silencio y el silencio equilibra -dice, antes de excusarse y volver a su trabajo en un alto cargo de una empresa de servicios.

FUENTE: EMOL.COM

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